Quiénes somos

Impulsamos esta propuesta desde la Oficina de Buenos Aires, en conjunto con el programa Feminismo Global de la Fundación Rosa Luxemburgo. Este sitio es el resultado del trabajo colaborativo de los múltiples espacios que lo componen y se apoya en nuestro trabajo político, vinculado a la construcción cotidiana de diferentes organizaciones y activistas con horizontes emancipatorios. Desde este espacio buscamos recuperar, en un relato colectivo, diversas reflexiones, materiales de intervención política, sistematización de experiencias, análisis e investigaciones en torno a la violencia económica, pero también a la construcción de resistencias y alternativas feministas y anticapitalistas.

Y no es azaroso que hayamos definido presentar este sitio un 3 de junio, día internacional de lucha feminista contra las violencias patriarcales. Hace seis años surgía el primer “Ni Una Menos” como un movimiento para enfrentar la ola de femicidios, travesticidios y transfemicidios.  Con el paso de los años, la masividad de las movilizaciones de mujeres y disidencias que allí confluyen, se configura una experiencia de creatividad política que re-liga el debate sobre las violencias, con la denuncia del patriarcado como modelo de dominación inherente al capitalismo. El “Ni Una Menos” es también el antecedente directo de la huelga feminista como el proceso político más determinante de los países de esta parte del Sur Global.

La huelga feminista inició un debate y una práctica que vincula las diferentes formas de violencias sobre los cuerpos feminizados, para poner en el eje del debate la precarización de los cuidados y de la vida en general, el endeudamiento y el extractivismo. Así fue que esa huelga internacional, desde la consigna “Nosotras paramos el mundo”, empezó a analizar y visibilizar las relaciones del patriarcado y el capitalismo actual de una manera que interpela directamente a las experiencias cotidianas de las mujeres y disidencias y, sobre todo, a valorizar ese trabajo cotidiano en los hogares y en los territorios, desde la consigna simple: “Eso que llaman amor es trabajo no pago”.

Así, se superaron los abordajes victimizantes, la invisibilización y el lugar subalternizado que tenemos las mujeres y disidencias en el valor que se le da a la producción y a la reproducción de la vida social. En el nuevo escenario político, económico y social que trajo (y seguirá trayendo) la pandemia, es insoslayable que el sistema económico se sostiene gracias a la explotación del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que realizan las mujeres y cuerpos feminizados. Pero también es cierto que ese mismo sistema las convierte en los sujetos preferidos de una financiarización, que resulta en su endeudamiento privado/individualizado para sostener la vida. Estos análisis evidencian también un debate pendiente sobre la organización social del cuidado desde las izquierdas, para identificar y contrarrestar los elementos y dimensiones que alimentan la reproducción de desigualdades.

Tomar el eje de la violencia económica, de la mano del análisis de la economía feminista, nos permite insistir con la interrelación de las desigualdades sociales y, al mismo tiempo, ir más allá y buscar nuevas formas de resistencias integrales. Por ejemplo, las resistencias que ligan la violencia económica y su particular manifestación en modelos extractivos desde una mirada feminista,  nos ayudan a pensar en la necesidad de fortalecer las economías populares, las experiencias autogestionadas y la construcción de alternativas a un sistema excluyente, como pueden ser las experiencias de agroecología que las mujeres campesinas impulsan como condición de un feminismo popular, entre otras.

Cuando desde los feminismos debatimos la violencia económica, consecuencia del productivismo infinito del capital, y recuperamos las prácticas de las mujeres en los territorios, se impone una mirada antagónica a la racionalidad productiva, que es la de la ética del cuidado. Esto es, que los sistemas económicos tienen que organizarse en virtud de garantizar la provisión necesaria para la sostenibilidad de la vida humana y no humana, a través de procesos económicos que preserven la sobrevivencia del planeta. En territorios donde el extractivismo está tan agudizado, como en Chile, la ética del cuidado se ha ido traduciendo en procesos de organización política feminista y anticapitalista.

Entendemos que en el nombre de este sitio que presentamos a continuación, “Violencia Económica: Herramientas para la organización feminista”, están algunas de las claves de su propósito: se trata de promover un espacio abierto de intervención política que se nutra del debate de ideas, experiencias y prácticas políticas. Y también –y sobre todo–, que invite a potenciar la construcción de alternativas, a poner en tensión las miradas de la teorías y propuestas políticas para configurar escenarios futuros que tengan en el centro la estrategia feminista.

Alex Wischnewski (Coordinadora del programa Feminismo Global – Fundación Rosa Luxemburgo)

Florencia Puente (Coordinadora de proyectos – Oficina Buenos Aires)

Formamos parte de esta iniciativa: